lunes, 23 de junio de 2008

El libro Negro...

El arquométro es el instrumento de evocación del pasado, necesario para la construcción en el presente, como medio de síntesis y de regeneración de toda la intelectualidad en el futuro.

Existe un sistema que no solamente puede reunir todas las concordancias, sino que también sirve para descifrar las mitologías, las leyendas, los principios religiosos, etc., mediante un método arquitectónico, encontrándonos en presencia de todas las posibilidades para continuar las tradiciones orientales, occidentales, semíticas o arias...
Se sabe que la verdadera Iniciación no se trasmite sino de labio a oído. Sin embargo, existe un instrumento de precisión especial, que restituye a la vía experimental la revelación universal.

Este sistema es la arqueometría, que es verdaderamente la ciencia más elevada, porque permite abordar cualquier género de problemas con datos que se encumbran nuevamente hasta la sabiduría verdadera, ofreciendo así, hasta la posibilidad misma de rectificaciones tan frecuentemente necesarias en la historia de la educación de los hombres.
Todo nuestro pretendido período de progreso, no es sino un atroz punto negro en el conjunto de las edades. Es una afrenta a la sabiduría, que todo nuestro período moderno en que los estudios más sabios son simples preliminares, apenas puede servir de base a una mínima legislación universal. La imitación sucesiva de tonterías paganas ha desfigurado la educación hasta llegar a lo antisocial, y desde la escuela primaria hasta los que se apellidan altos estudios, reportan verdaderamente una graduación tan insignificante, que no alcanza a ser asunto de instrucción superior, y por esa razón observamos donde quiera una misma mentalidad banal... Sólo la educación difiere un poco en los hogares donde nace un principio espiritual, pero si se trata de instrucción religiosa entonces se restringe para todos a la pura y simple catequización. Consecuentemente es necesario recurrir a las sociedades ocultas, a los centros esotéricos, para encontrar personas mejor preparadas, aunque a menudo éstas se extravían en una hojarasca de teorías pseudoiniciáticas.

Pitágoras, que había tenido como Maestros al profeta Oshi (en Sais), a Hon-Ophi (en Heliópolis), a Nazarath (en Babilonia), a Gheber-Zharothosh (en Persia), y en el Nepal al primer Pandit del Colegio Sagrado de Brahma, sabía ocultar el Saber Iniciático en sus enseñanzas corrientes; sin embargo, para quien sabe comprender, él esclareceverdades patriarcales, porque es un piadoso peregrino de la universidad eternal. Su revelación es clara cuando dice:

“La razón humana no tiene por sí misma sino un mero valor de conjetura. La ciencia y la sabiduría pertenecen a la Divinidad y únicamente podemos tener conocimiento de ellas de acuerdo a nuestro grado de receptividad”.

Protosíntesis, fuente única y universal, los dos primeros versos del sabio griego, constituyen un credo al G:. A:. D:. U:., con su profundo sentido esotérico.

El arqueómetro es una traducción material del verbo, en forma, color, perfume, resonancia y gusto. Es una figura síntesis de forma circular, dividida en zonas concéntricas que contienen las correspondencias de nombres, letras, notas, zodíaco, planetas, alfabetos (wattam, hebreo, latín, samaritano, caldeo, asirio), vibraciones en correspondencia, como un patrón métrico que reforma la sonometría y que puede servir de regla para las proporciones estéticas de los trazados gráficos.
Los colores primarios, amarillo, rojo, azul, están distribuidos en trígono dentro del círculo, de tal manera que el color blanco se encuentra siempre teóricamente existente a 180º, opuesto a cada uno de estos tres colores; resultan, pues, de esta suerte, trescientos sesenta matices definidos y cada uno de ellos se identifica con un número de orden que permite descubrir rápidamente su composición exacta. Por supuesto, las relaciones de la música están ahí inscritas según el método físico, inversamente proporcionales al patrón de la medida corriente: (RE bemol) = 100,000 o a 1 metro; la cifra 100.000 = 625 x 160). El trazado de una forma, cualquiera que ella sea, viene a ser así una expresión de la clave de un canon universal. Es decir, que con arreglo a un solo nombre o a una sola idea (igualmente a un color o a un sonido) llega a ser posible obtener un dibujo, una gráfica, un edificio entero, con las proporciones exactas de anchura, altura, etc., ya sea que se trate de un monumento estético, una construcción religiosa, etc.

un procedimiento inverso se adaptan igualmente a la literatura los colores, las formas, etc... Esta íntima concatenación de palabras, de ideas, de ciencias antiguas, de estudios simbólicos, permite, en carencia de archivos o de documentación, reconstruír cualquier religión, filosofía o leyenda, con sólo reproducir sobre un papel o una lámina, la constitución del cielo. Una vez descubierto el valor numérico de las palabras, importa poco la confusión de las lenguas; las letras son conservadas de esta manera en sus fuerzas originales, es decir, con la idea sagrada (MA en el arqueómetro es igual a 40, y en veda, vattan y numerosas lenguas orientales quiere decir: AGUA; inversamente, en el extremo occidente los incas pronuncian ATL*para significar este mismo elemento, expresión que vale arqueométricamente 40). Los que importa es el valor intrínseco y sólo cuenta el resultado final.
Es cuanto...

* De este prefijo proviene la formación de ATLántico, que proviene de ATLántida (tierras en medio de las aguas), no de la época del continente, sino de las siete islas que formaban el mundo entero en aquel periodo.

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